La tarde del sábado, mientras Coraline exploraba su nuevo hogar, encontró algo que la intrigó profundamente. Era una pequeña puerta, casi invisible, detrás de una pared de ladrillos en el sótano. La puerta era diminuta, no más grande que un armario pequeño, y parecía no haber sido usada en años. A pesar de su tamaño, la puerta tenía un pomo de bronce brillante y una cerradura que parecía esperar a ser abierta.
Two retired actresses living in the flat below with their many Scottish Terriers. They consistently mispronounce Coraline’s name as "Caroline".
El lector ya lo sabe: abre la puerta de ladrillos. O al menos, la versión verdadera de la puerta.
This is the primal state of childhood: the rainy Saturday afternoon where nothing is on TV and your toys are dead. By establishing this profound boredom, Gaiman makes the reader want the secret door to open. We need the escape as much as she does.